Todos sentimos emociones todos los días. A veces aparecen como una alegría que nos llena de energía. Otras veces llegan en forma de miedo, tristeza, ira o frustración. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos cuál es su verdadera función.
Crecimos aprendiendo que algunas emociones eran buenas y otras malas. Que debíamos buscar unas y evitar las otras. Pero ¿y si las emociones no estuvieran aquí para ser juzgadas, sino para ser comprendidas?
En InnerLab creemos que las emociones no son un problema que haya que resolver. Son información. Son una de las formas que tiene nuestro organismo de decirnos que algo importante está ocurriendo.
Una emoción es una respuesta automática de nuestro cuerpo y nuestra mente frente a un estímulo interno o externo. Puede aparecer por una situación que vivimos, por un recuerdo, por una conversación o incluso por un pensamiento. Antes de que tengamos tiempo para analizar lo que sucede, nuestro cerebro ya ha puesto en marcha una reacción emocional.
Las emociones existen porque durante miles de años aumentaron nuestras posibilidades de sobrevivir. Nos preparan para actuar, adaptarnos y responder al mundo que nos rodea. No aparecen para complicarnos la vida, sino para ayudarnos a navegarla.
En lugar de hablar de emociones positivas y negativas, preferimos hablar de emociones cómodas e incómodas.
Las emociones cómodas, como la alegría, la calma o el amor, suelen sentirse agradables. Generalmente queremos que permanezcan y disfrutamos experimentarlas.
Las emociones incómodas, como el miedo, la tristeza, la ira o el asco, generan sensaciones que muchas veces preferimos evitar. Sin embargo, que una emoción sea incómoda no significa que sea mala. De hecho, suelen ser las emociones que más información nos entregan.
El miedo puede estar advirtiéndonos que percibimos un riesgo. La tristeza puede invitarnos a detenernos y procesar una pérdida. La ira puede señalar que un límite importante fue cruzado. Incluso el asco puede protegernos de aquello que percibimos como dañino para nosotros.
El problema comienza cuando intentamos eliminar esas emociones sin antes entender por qué aparecieron.
Imagina que el tablero de tu carro comienza a mostrar una luz de advertencia. Probablemente no te gustaría verla, pero quitar el bombillo no solucionaría el problema del motor.
Con las emociones ocurre algo parecido.Cada emoción es una señal. Una fuente de información sobre la manera en que estamos interpretando lo que vivimos. Ignorarla no hace que desaparezca aquello que intenta comunicar.
Por eso, en lugar de preguntarnos "¿cómo dejo de sentir esto?", puede ser mucho más útil preguntarnos "¿qué está intentando mostrarme esta emoción?".
Porque muchas veces reaccionamos antes de comprender.
Las emociones aparecen en cuestión de milisegundos, mientras que la reflexión requiere tiempo. Si nunca aprendemos a observarlas, terminamos actuando desde el impulso. No decidimos conscientemente; simplemente reaccionamos.
Eso no significa que las emociones sean el problema. Significa que todavía no hemos aprendido a leer la información que contienen.
En InnerLab nos gusta imaginar que nuestro mundo interno funciona como un laboratorio.
Cada emoción es un elemento. Ninguno es bueno o malo por sí mismo. Cada uno tiene propiedades, funciones y comportamientos diferentes. Cuando esos elementos se mezclan con nuestras experiencias, creencias y patrones, producen distintas reacciones.
Por eso creamos nuestra Tabla Periódica de las Emociones. No para clasificar personas, sino para ayudarnos a comprender mejor el lenguaje de nuestro mundo interno.
Cuando entendemos qué función cumple cada emoción, dejamos de luchar contra ellas y empezamos a utilizarlas como una herramienta para conocernos mejor.
El primer paso no es intentar cambiarlas. Es aprender a observarlas.
La próxima vez que aparezca una emoción, prueba detenerte unos segundos y hacerte tres preguntas sencillas:
¿Qué estoy sintiendo exactamente?
¿Qué pudo haber activado esta emoción?
¿Qué información intenta darme?
Es posible que la emoción no desaparezca de inmediato, pero tu relación con ella comenzará a cambiar.
Las emociones no llegaron para controlar tu vida. Llegaron para ayudarte a comprenderla.Cada emoción, incluso las más incómodas, puede convertirse en una fuente de información si dejamos de verla como un enemigo y comenzamos a estudiarla con curiosidad.Porque en un laboratorio, ninguna sustancia se juzga antes de ser analizada.